SIEMPRE MONTANDO EL CUADRO

04.04.2017 00:00

Una de las cosas más complicadas a la hora de volver a la normalidad después de una pequeña aventura es que la normalidad de uno sea un tanto anormal. De verdad que yo me esfuerzo por no ser un mutante social pero es que no hay manera, está en mis genes neandertales.

Desde que me levanté una mañanica al poco de volver de Canadá y me dije "...a entrenar", se puede decir que no levanto cabeza. Primero fueron los "pieses" con sus dedos congelados, que no había manera de retomar ese pequeño asunto sin importancia de secármelos después de la ducha sin tener la sensación de estar haciéndoselo a otra persona, porque no sientes nada de nada. 

Una vez que mis pies empezaron a parecer pies de homo sapiens y no de orco, empecé a trotar por el bosque de la Vallesa con mi "pequeño" Oso. Digo trotar por no definirlo como... el ritmo que llevaría al desplazarse un híbrido entre caracol reumático y elefante tetrapléjico. Sí, a eso hemos llegado. Si os cruzáseis conmigo ahora, en vez de "qué hace ese niño con dos ruedas...qué pena de niño...qué pena", diríais "qué pena de niño..qué pena", sin más.

Pues estaba yo en una de esas correrías por la Vallesa, y tal y como ocurre siempre en mi accidentado devenir por este plano existencial que llamamos mundo, me lesioné en el sóleo de la pierna derecha en el punto más alejado del recorrido, lo que me obligaba a volver caminando desde el quinto...que digo el quinto...desde el sexto coño (perdón por lo burdo y soez de la expresión, pero es que no se me ocurre otra que enfatice mejor lo que pretendo expresar, soy "asín" de limitado). La cuestión es que llevaba tiempo queriendo empezar a correr descalzo, en especial por la montaña, por aquello de sentir la madre tierra en contacto con mi piel y todas esas chorradas que se nos ocurren a "...esa gente tan especial" como el menda. Así que pensé que volver caminando descalzo era un buen ejercicio de iniciación, por aquello de ir haciendo callo en las plantas de los pies y esas cosas para con el tiempo no parecer el chiquito de la calzada al pasar por piedras.

Llegados a ese punto, una vez más la conjunción de astros que hace que si tiene que pasar algo...pasa...y además me pasa a mi, en una zona en la que no se suele ver apenas gente y menos a altas horas de la tarde, empiezan a aparecer grupos de personas caminando como si los acabasen de descargar de varios autobuses. Personas que al cruzarse contigo, andando descalzo zapatillas en mano por el monte, te miran de arriba a abajo con cara de "...qué pena de niño...pero qué pena..." y en algunos casos con cara "...por diossss que alguien le de algo de comer al deshauciado este".

En fin, menos mal que uno está acostumbrado a que le den por perdido y estas cosas sólo me refuerzan en mi constante parecer de que, es el mundo el que está al revés y no yo.

¿Véis? Oso también piensa que el mundo está al revés y no él...este sí que es feliz, de mayor quiero ser como él.

Seguiremos informando desde barrio sésamo, y no olvidéis aullar a la luna de vez en cuando, es un signo de cordura y equilibrio mental en los tiempos que corren.

 

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