ODIO ESTE LUGAR Y TE ODIO A TI

24.02.2017 00:00

 

Cuando vi que en una de las dos motos de nieve que se me acercaban de frente había una médico, ya me imaginé a qué venían. El voluntario, también en moto de nieve, que me había alcanzado un par de horas antes, me había sorprendido preguntándome por mis manos. ¿Cómo narices sabe este tío lo de mis manos?. Era evidente, este señor venía del check point de Ken Lake, donde la tarde anterior ya estuvieron a punto de descalificarme por las congelaciones en varios dedos. Y es que tras casi dos días escondiendo aquel problema con la esperanza de que no se agravase y que subieran las temperaturas los días venideros, sabía que tarde o temprano me iban a descubrir. Finalmente me dejaron seguir con la condición de parar allí durante cinco horas para ver si la cosa empeoraba. No fue así, al menos tras esas cinco horas, y pude continuar mi camino hacia Carmacks a la 1:00 de la madrugada. Tras toda la noche caminando, una vez más con temperaturas por debajo de -40ºC, mis dedos se encontraban peor que el día anterior, pero aún así, yo me aferraba a la esperanza de que los médicos del check point de Carmacks no le dieran demasiada importancia. Diane, la médico jefe de la carrera tiene fama de ser bastante espartana, y el primer paso para superar el exámen médico en Carmacks, era llegar allí.

Aquel voluntario que me había adelantado un par de horas antes no lo veía así, y me dijo que las congelaciones estaban empeorando, pero él no era médico y no podía descalificarme, así que continuó su camino hacia Carmacks. Faltando apenas una hora para llegar, vi acercarse las dos motos de frente. Pararon a mi lado como hacen siempre que se cruzan con cualquier participante, y tuvimos las mismas conversaciones vanales de rigor en las que, aunque parezca que no te estén preguntando nada relevante "¿mucho frío?...¿has pasado buena noche?...ya falta poco para el check point...¿qué tal las piernas?", notas cómo te observan de arriba a abajo escrutando, no sólo tu condición física sino también tu estado de ánimo,  en busca de algún resquicio de dolor o debilidad. Es su trabajo.

La diferencia en este caso fue que, cuando parecía que la conversación finalizaba y yo iba a poder segui mi camino, escuché cómo el conductor de la moto le decía a la médico "..es él". Si los más de cuatro días por debajo de -30ºC no habían conseguido dejarme helada la sangre, aquella mínima frase, corta pero afilada como la punta de una flecha, sí lo hizo. Su siguiente movimiento fue saltar de la moto y preguntarme por mis manos. Cuando me retiré las manoplas y los guantes no dudó ni por un segundo: "No puedo dejarte seguir en carrera con las manos así, lo siento". Tal fue la cara que debí poner, que me abrazó y volvió a repetir "lo siento" varias veces. Intenté que me dejaran llegar a Carmacks por mi propio pie, pero se negaron, ya que me faltaba una hora para llegar, las temperaturas estaban descendiendo rápidamente, y querían evacuarme al hospital de Whitehorse lo antes posible. Así que me subieron a una moto de nieve y en unos minutos me encontraba en el Comunity Center local, que hace las veces de check point de la carrera. Allí, igual que el año pasado, Adam me atendió. Adam es el médico que un año antes, también en Carmacks, me "recomendó" no seguir con las heridas por rozaduras infectadas por riesgo de sufrir una septicemia. "Odio Carmacks y te odio a ti", le dije medio en broma medio en serio mientras me examinaba las manos. Un año más la Yukon Artic Ultra se había acabado para mi.

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