COSAS DE CASA

15.04.2016 00:00

Una de las preguntas que más me suele hacer la gente con respecto a participar en la YAU es..."¿Y tu familia qué piensa de todo esto?". La respuesta no es sencilla. Lo primero que debo decir es que sin el apoyo incondicional de mi familia no podría participar en semejante locura. Dicho esto, ahora ya puedo empezar con el cachondeo.

En lo que respecta a mi hijo, ese curioso ser que habita una habitación en mi casa y que vino al mundo para hacer que mi vida fuese aún más divertida, sinceramente, no veo que le afecte lo más mínimo. Está acostumbrado desde que nació a ver a su padre hacer cosas raras, por lo que creo que le parecería más sorprendente que apareciese un día en casa vestido de traje y corbata, que verme ir al polo norte haciendo el pino en ropa interior con una nariz de payaso (no descarto realizarlo algún día, es un proyecto personal que tengo). De hecho, el día que le dije que iba a participar en la YAU su respuesta fue..."Ah...vale". Pero no le culpo, él no pudo elegir.

Lo de mi queridíssssima esposa, la flor de mi vida, la estrella de mis ojos, eso ya es otra cosa. Ella me eligió sabiendo lo que venía de serie y creo que me conoce mejor que yo mismo, ya qua a veces sabe que voy a hacer cosas incluso antes de que yo lo sepa. He llegado a sospechar que tiene poderes. Su apoyo ha sido y sigue siendo crucial para mí. Últimamente, incluso me plantea que al año pasado, por estas fechas, estaba entrenando con mucha mayor intensidad, y me dice que me ponga a entrenar en serio de una vez por todas.

El otro día me pasó algo curioso. Ya he comentado que últimamente me está costando mucho levantarme a entrenar de madrugada. A eso de las 4:00 a.m. me desperté y, pensando que me quedaba media hora para tener que levantarme me volví a dormir, aún sabiendo que seguramente ya no me despertaría y que no saldría a entrenar. De repente noto como un golpe en la pierna y me despierto sobresaltado. Silvia estaba dormida y yo preguntándome qué podía haber interrumpido mi sueño. El caso es que eran las 4:30 y ya que estaba despierto, aunque bastante somnolitento, decidí salir a entrenar según lo planeado, pese a que estuve tentado de quedarme en la cama.

El entrenamiento transcurrió con normalidad y, una vez en casa, le cuento a mi mujer que no sabía cómo había sido capaz de levantarme esa madrugada, a lo que me contesta con cara de borde que ella sí lo sabía. ¡Ah, demonio!, era ella la que me había dado una patada para que me despertara y luego se había hecho la dormida. Desde luego que no me puedo quejar, ¿eh?

Yo al despertarme sin saber qué ha ocurrido

Ella cuando me dice que sí sabe lo que ha ocurrido (sí, parece así de malvada)

Pau cuando le digo que voy a hacer la YAU

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