BURRIANA, PARÍS Y LONDRES

26.11.2015 00:00

El sábado pasado, finalmente tuve la comida familiar en Burriana, por lo que como ya dije, para poder compaginar entrenamiento y compromisos sociales (que uno ya se está volviendo bastante aberroncho como para aislarse aún más), me fui corriendo hasta casa de mis tíos, no ya en Burriana sino pasados 5 km de allí.

Como ya es habitual en mis sábados sabadetes toque de corneta a las 3:30 a.m., sí habéis oído bien. Ya lo sé...lo mío no es normal...estás como una  p....a cabra...háztelo ver. Sí a todo, le doy la razón a la gente y me doy por perdido. A las 4:00 ya me encontraba en la calle pegándole al pinrel. GPS en mano, semblante firme, espíritu henchido y a seguir el camino por vía pecuaria. Todo transcurría según lo previsto, me encontraba muy bien de piernas y avanzaba a buen ritmo. Serían las 5:45 aproximadamente, cuando me encontraba recorriendo el Camí de Llíria en dirección a Puzol, y justo al pasar junto a un polígono industrial noto lo que mi amigo Juanjete llama una "contractura intestinal", también conocida comunmente como "apretón de ojete". La verdad es que desde antes de salir de casa me sentía un poco extraño de entrañas (que no entraño de extrañas) pero no le había dado importancia hasta este momento. Solución, al final de una explanada del polígono, justo al traspasar la línea donde empezaba la oscuridad, ayudado por las luces de las farolas cercanas pero amparado por las tinieblas, me dispongo a entrar en boxes. Tras el cambio de aceite y revisión de bujías prosigo con la singladura y, sin haber pasado ni un minuto desde la reanudación, aparece un grupo de unos siete coches, de estos tuneados bien macarras y se ponen a hacer trompos y derrapes en esa misma explanada. Esta vez el diablo estaba de mi parte y por un puñetero minuto no me pillan "mirando pa Cuenca". En fin, tras un par de paradas más en boxes (menos mal que el resto del camino estaba estratégicamente flanqueado por amplios, frondosos y discretos huertos), logro pasar Saguntum. Tras un par de kilómetros junto a la nacional, me desvío por un camino sumido en el mar de huertos de naranjos que me acompañarían ya hasta mi meta, cuando unos minutos después, una nueva contractura me obliga a repetir parada y posta. Así pues, me adentro nuevamente en la espesura. A mitad de operación, justo en el momento crítico del parto, oigo que para un coche. De todas las decenas de miles de huertos que debe haber entre Sagunto y Burriana, he ido a meterme en el del señor que está a punto de llegar. Con toda la templanza, sangre fría y "elegansia naturá" que me caracteriza, finalizo mis cositas y salgo del huerto, encontrándome de frente con el maromo. ¿Por aquí voy bien a Almenara?, le digo con cara de haberme perdido. El señor con toda amabilidad y sin parecer sorprendido en absoluto (o me toma por tonto o se da cuenta de lo tonto que estoy, una de dos) me indica el intinerario a seguir, gracias a dios o una vez más al diablo, sin reparar en el GPS que llevo en la mano.

A partir de aquí, salvo un par de visitas más al tocador  a retocarme el rimmel y empolvarme la nariz, ningún incidente de importancia. Lo más destacable del resto de la epopeya sería las cinco horas, algo así como desde un poco antes de Almenara hasta bien pasado Nules, en las que el camino iba pegado a la AP-7, a modo de interminable e infernal recta, que daba la sensación de estar recorriendo el mismo kilómetro en todo momento. Una verdadero reto para la resistencia mental. 

Finalmente, tras 70 km recorridos con estas dos que llevo debajo (las piernas mal pensados), tras sólo haber podido comer tres plátanos debido a las continuas llamadas de la selva, arrastrando los 30 km corridos el día anterior, y más de 10 horas de "disfrute" consigo llegar a mi destino, donde me esperan el calor de la familia, una paella y casi un litro de Fanta para subir un poco los niveles de azúcar en sangre.

Nota: lamento lo escatológico de la entrada de hoy, pero como ya os he comentado estoy un poco aberroncho últimamente. Además, el Ministerio de Sanidad ya advirtió de las consecuencias de leer las chorradas que aquí se cuentan, así queee....¡a cascarla!

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